Nuevos sistemas de evaluación

Al hablar de que tenemos que evaluar por competencias, lo que implica que el docente no puede fijarse sólo en los conocimientos, habilidades o destrezas adquiridas, sino en el desempeño total de la persona; es decir, cómo pone en práctica lo aprendido con una actitud propicia en contextos diferenciados que involucran diversos niveles de complejidad; cómo se despliega todo lo que es, es de vital importancia la necesidad de diseñar sistemas de evaluación que en verdad promuevan el aprendizaje y que sean vistos como una oportunidad para identificar los aciertos para repetirlos y los errores para evitarlos.

Cuando nuestro enfoque educativo se da en el saber pensar para hacer, ser y vivir en sociedad, la evaluación se complica, porque ni el examen por sí mismo será suficiente, ni mucho menos un contenido enciclopédico que vacíe de fechas y datos al alumno.

El diseño curricular por competencias tiene que pasar del paradigma único "qué tanto sabe el alumno" a "qué tanto sabe pensar para hacer sólo, con ayuda, o de plano no puede". Es decir, se tiene que modificar la cultura del examen, dando cabida a otra en la que lo importante sea aprender, y, para hacerlo, existen múltiples formas en donde lo prioritario es cómo el alumno/a pondrá en juego tanto los elementos objetivos como los subjetivos en un desempeño concreto: un proyecto, la resolución de un problema, el análisis de una lectura con niveles de interpretación más complejos, etcétera. Esto conlleva la construcción de las capacidades docentes para ampliar sus conocimientos sobre distintos mecanismos de evaluación para el desempeño, como un trabajo de concientización permanente que lo lleve a ver en cada alumno lo que puede hacer solo, lo que requiere hacer con ayuda y lo que todavía no es capaz de realizar. La detección de esta zona de desarrollo próximo cuando se evalúa ayudará a satisfacer las necesidades reales de aprendizaje de los alumnos/as, pero además estimulará la interacción docente-alumno, base central de la educación.