La planeación es una actividad básica es parte de la esencia educativa de la cultura docente, no sólo porque establece con claridad los pasos que seguirá en su clase sino también porque esta actividad pone sobre la mesa cómo se conseguirán las metas propuestas.
En los años setenta y ochenta era conductista y sistematizada. Se planeaba de manera lineal de modo que para cada objetivo general, había uno particular y uno específico, y para este último una actividad con la cual se esperaba lograrlo. Después, en las evaluaciones, se ponían reactivos que correspondían a la actividad realizada. Además, la planeación de largo plazo le correspondía en su totalidad al Gobierno, en nuestro caso a la Secretaría de Educación Pública. La de medio término a la escuela, en concreto a la dirección; y la de corto plazo al docente.
Durante años, este tipo de planeación se llevó a cabo en las escuelas del país. Los docentes que lo vivieron se acordarán que hacían las largas planeaciones paso por paso. A la usanza de Benjamín Bloom, se contaba con largas listas de verbos para planear el proceso de enseñanza-aprendizaje. Se diseñaban también los objetivos particulares correspondientes a la unidad del mes o bimestre, tal y como se mencionó antes, contestando las preguntas filosóficas: ¿quién?, ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde? y ¿cómo iba a aprender? Ejemplo: "Al término de la unidad el alumno describirá las partes del aparato digestivo mediante la elaboración de un esquema con sus nombres", por lógica la actividad era hacer dicho esquema, iluminando el aparato y poniendo cada uno de los órganos que lo conformaban. El examen era prácticamente lo mismo: un esquema en el que el alumno/a tenía que poner los nombres en las flechas que se le indicaban.
Con el establecimiento del Plan 93, se dio un paso hacia delante en el sentido de trasladar algunas actividades del currículo al docente, ahora ya no tenía todo diseñado sino que se vio obligado a elaborar procesos más constructivistas de modo que el estudiante lograra conceptualizar, significar e interpretar el conocimiento, lo que conllevaba una participación más efectiva por el lado del profesor/a. Por tanto, la planeación incluía el propósito del docente y las estrategias para hacerlo, las cuales podían ser juegos, actividades de análisis (como la lectura y la elaboración de mapas mentales), esquemas, clasificaciones y representaciones diversas. En ese momento la intención del docente era la médula principal de dicha planeación. En la medida en que el constructivismo avanzó se integraron metas de otros dominios como lo procedimental y lo actitudinal, cuya planeación es mucho más flexible.
Ahora, con las últimas reformas, la planeación es todavía más compleja que la de 1993, porque la competencia y sus indicadores de desempeño no sólo marcan el estándar terminal al cual llegar, sino también cómo se debe llegar, qué acción debe realizar el alumno/a en el salón para construir el desempeño. Más aún, partiendo del hecho de que la planeación por competencias es un modelo estandarizado, que no se le entrega digerida al maestro, sino que se espera que él investigue qué funciona y qué no. La planeación docente es más difícil porque se debe tener mucha creatividad para y se espera que el docente diseñe la modalidad en el desarrollo de las competencias en la planeación de largo plazo, que distribuya el contenido en términos de cuándo y hasta dónde en la de medio término, y que diseñe el resto del proceso en el que participará el alumno/a para construir su propio desempeño en el corto plazo.
Las competencias se diseñan en presente y se espera que se logren como actividad dentro del salón de clase, pero ¿cómo el alumno va a hacer algo que no ha logrado? La respuesta es que el alumno/a podrá realizar la acción en el salón de clase cuando el maestro diseña una situación didáctica, un escenario de aprendizaje, que le permita desempeñar la competencia en vivo, aprender por descubrimiento y adaptarse al entorno que se le presenta y resolver aquello que le causa conflicto.
En dichas situaciones lo importante es de qué manera se buscará que el alumno/a despliegue su capacidad para alcanzar el aprendizaje mediante el descubrimiento. Para obtenerlo el docente tiene que planear una situación, un escenario, un problema a resolver, que incluya una serie de pasos, una secuencia de actividades que, articuladas entre sí, lograrán hacerlo. En suma, el maestro de hoy tiene que ser una persona creativa por excelencia, el nivel de competencia que se le pide es mayor que antes.
Por estas razones, el proceso de planeación por competencias resulta vital para desarrollarlas, planear se convierte en una de las habilidades más importantes de la competencia docente lúdico-didáctica , la planeación por competencias supone varias habilidades de pensamiento relevantes, entre ellas: aprender a visualizar la diferencia de matiz entre un tipo de planeación y la otra para poder diseñar su actividad docente de conformidad con los marcos teóricos actuales.